Estado español: Más disturbios en el sector industrial



 

 

Se intensifica el conflicto en las zonas mineras iniciado a finales de mayo por la disminución del 63% de las ayudas del Estado al sector, en la línea del control económico de la UE. El día 30 de mayo se inició una huelga indefinida convocada por los sindicatos mayoritarios en los pozos de varias comunidades (Asturias, León, Teruel, Palencia), mientras los propios sindicatos negocian con el Gobierno. El balance, por el momento, es de más de un centenar de carreteras, autovías y autopistas cortadas con barricadas, decenas de cortes de vías de tren, enfrentamientos directos con las fuerzas del orden y represión, la Guardia Civil en este caso, y encierros en varias minas.

El conflicto laboral también está explotando de nuevo en otro sector combativo históricamente, como es de los astilleros. Se están llevando a cabo centenares de despidos en un sector que ya se vio ampliamente afectado y reconvertido hace unos años. A finales del mes pasado Navantia Ferrol protagonizó algunos disturbios enfrentándose a policías, periodistas y a algún sindicalista de la misma empresa, ocupando el ayuntamiento y prendiendo fuego a sus puertas.

 

 

 

 

El reciente anuncio del rescate con fondos europeos para salvar la banca que, para mayor cinismo de los políticos profesionales, es una señal de que las cosas se están haciendo bien ahora, implicará nuevas medidas de ajuste para empeorar las condiciones de vida de lxs explotadxs. Más asfixia para lxs que ya van justxs, ya sabemos lo que significa: depresiones, suicidios, giro hacia el fascismo… Pero también revueltas, acción directa, comunicación entre explotadxs.

Si bien las luchas del sector industrial presentan muchos de los aspectos clásicos de la defensa colectiva de la vida digna ante la toma de decisiones externa de carácter económico-gestor, no se ve una toma de postura pública decisiva sobre lo que significa el trabajo asalariado, la economía, la política, el medio ambiente. Está claro que el avance es significativo respecto de aquellxs que no hacen otra cosa que quejarse pasivamente, mendigar caridad pidiendo migajas, escribir cartas al periódico o huelgas parciales mínimas que no afecten al normal funcionamiento del capitalismo. Pero que las acciones se queden en “defender nuestro trabajo”o en “que nos busquen alternativas” dejaría la situación,  aunque consiguieran su propósito inmediato, en una cuestión de tiempo para seguir padeciendo como objetos las decisiones de lxs gestorxs de la explotación y las vidas de lxs explotadxs.

Para ver temblar de verdad al poder y recuperar la autonomía de nuestras vidas, con lxs que vivimos, es imprescindible, al menos comprender, y hacer esa comprensión compartible en todos los sentidos, qué papel jugamos como trabajadorxs en este sistema, qué papel tienen esas ayudas que dan a nuestro trabajo, cuál es el papel de los políticos que toman esas decisiones y de los políticos laborales (sindicalistas) que negocian nuestras condiciones de vida. Nosotrxs no nos reconocemos en la exigencia de más explotación.

Podemos estar segurxs de que ver esa lucha que están llevando a cabo, pasando por encima de los tabús que intentan meternos por los ojos, con la propaganda y la ley (encapucharse, hacer barricadas, armarse frente al enemigo, etc.), y que muchxs están asumiendo como propios (aunque lo defiendan como estrategia…), no les va a gustar. Pero también podemos estar segurxs de que continuar las negociaciones a través de los sindicatos en buena medida les relaja. Porque, muchas veces antes, se han servido de estos cuando han querido desinflar el conflicto social.

Decidir no es fácil, puesto que son las propias vidas las que están en juego. Respetamos y apoyamos las decisiones de los sujetos activos que luchan para decidir sobre sus vidas y animamos a que se lleven las contradicciones del capital tan lejos como puedan, más allá del aquí y el ahora. Ya han empezado a inquietar. En una editorial reciente de uno de sus voceros en los medios de comunicación burgueses, han desautorizado la extensión y el mantenimiento de los incidentes en pro de la imagen de los sindicatos. Todo un llamado del poder económico de izquierdas para que salgan a la palestra los perros guardianes de lxs trabajadorxs, los sindicatos.

Ladran, luego cabalgamos.

 

 

 

 

 

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